Qué es el ENSO y por qué importa ahora más que nunca

El ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) es el motor climático más poderoso del planeta después del propio sol. Oscila entre tres fases: neutral, El Niño —fase cálida— y La Niña —fase fría. Se desarrolla principalmente en el océano Pacífico Tropical, pero sus efectos se sienten en todos los continentes.

En condiciones normales, los vientos alisios soplan desde Sudamérica hacia Indonesia, desplazando el agua cálida superficial hacia el oeste del Pacífico y manteniendo el agua fría y rica en nutrientes aflorando frente a las costas de Perú y Ecuador. Cuando estos vientos se debilitan o invierten, toda esa masa de agua caliente se desplaza hacia el este, en una reacción en cadena que se amplifica a sí misma: menos viento permite más desplazamiento de agua cálida, y esa agua cálida debilita aún más los vientos. El ciclo puede durar entre nueve meses y casi dos años.

«En lugar de que haga frío alrededor de las Galápagos y calor en Indonesia, las precipitaciones y las nubes se desplazan hacia el centro del Pacífico. Si El Niño es excepcionalmente fuerte, algunos impactos podrían ser muy significativos: mayor riesgo de incendios forestales, deterioro de la calidad del aire y malas cosechas.»

— Profesor Brierly, climatólogo (Independent Español, mayo 2026)

El problema de 2026 no es que El Niño haya vuelto. El problema es la magnitud. Mientras que un evento normal eleva las temperaturas del Pacífico oriental entre 1 y 2 °C, los modelos actuales apuntan a anomalías de hasta 4-5 °C. El Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) advierte que existe una «importante probabilidad» de que el índice Niño3.4 supere los 2 °C, lo que lo situaría en la categoría de evento fuerte o muy fuerte, comparable a los de 1983, 1997 y 2016. Algunas simulaciones individuales sitúan el pico entre diciembre de 2026 y febrero de 2027.

El término «Niño Godzilla» surgió precisamente durante el evento de 2015-2016, cuando la NOAA documentó anomalías de más de 2,5 °C en una amplia región del Pacífico. No es una categoría científica oficial, pero los climatólogos lo utilizan para dimensionar eventos que superan cualquier referencia histórica reciente.

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Un planeta partido en dos: sequías e inundaciones simultáneas

El Niño no es un fenómeno que afecte por igual a todos. Redistribuye el calor y la lluvia de forma asimétrica, beneficiando a algunas regiones y devastando otras. Lo que sigue no es especulación: es el patrón documentado en los grandes eventos de 1982, 1997 y 2015, ahora multiplicado.

🇮🇳 India y Sudeste Asiático

Debilitamiento de los monzones. Sequías severas, pérdidas agrícolas masivas y crisis alimentaria en países con centenas de millones de personas en subsistencia.

🇨🇳 China

Inundaciones en el sur, sequía en el norte. Impacto directo en la generación hidroeléctrica y en la producción agrícola del país más poblado del mundo.

🇦🇺 Australia e Indonesia

Las más golpeadas históricamente: sequías prolongadas, incendios forestales masivos y episodios de blanqueamiento de coral que pueden ser irreversibles.

🌎 Centroamérica

México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica: sequías prolongadas, pérdida de cosechas y escasez de agua potable. Nuevo impulso a la migración forzada.

🇧🇷 Brasil y Amazonía

Bloqueo atmosférico que impide la llegada de frentes fríos. Evaporación acelerada del suelo forestal. Riesgo crítico de incendios en el mayor pulmón verde del planeta.

🇪🇸 España y Mediterráneo

Efectos indirectos pero reales: veranos más cálidos, mayor riesgo de incendios forestales, escasez hídrica agravada y presión sobre el suministro energético. España registró en junio de 2026 una de las olas de calor más intensas de su historia para ese mes.

🇵🇪 Perú, Ecuador y Colombia

Lluvias extremas, inundaciones costeras devastadoras y deslizamientos. Las pesquerías —base de millones de economías locales— sufren colapsos por el calentamiento del agua superficial.

🌍 África Central

Alteración severa de los patrones de lluvia en regiones que ya viven en el límite de la seguridad alimentaria. El ENSO extremo puede convertir cosechas irregulares en hambrunas.

La razón por la que este evento supera a sus predecesores no es solo el ENSO en sí mismo: es que actúa sobre un sistema climático que ya tiene la temperatura de base más alta de la historia instrumental. Las temperaturas oceánicas globales llevan meses en niveles récord antes de que El Niño siquiera comenzara a desarrollarse. El Niño no crea el calor: lo amplifica. Y en 2026, tiene mucho más calor que amplificar.

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1877: el Mega El Niño que mató a 50 millones de personas

Hay un nombre que los climatólogos pronuncian con cautela cuando hablan del evento actual: el Mega El Niño de 1877-1878. Fue el fenómeno climático más destructivo de la era moderna hasta ese momento: provocó el colapso simultáneo de los monzones en Asia, el este de África y el norte de Brasil, desencadenando hambrunas masivas que algunos historiadores del clima estiman causaron entre 20 y 50 millones de muertes en menos de tres años.

Mike Davis, en su obra Los holocaustos victorianos tardíos, documentó cómo ese evento no fue solo una catástrofe natural: fue la intersección de un fenómeno climático extremo con sistemas coloniales que dejaron a las poblaciones sin los mecanismos de respuesta que habían tenido durante siglos. La hambruna llegó cuando las estructuras de resistencia comunitaria ya habían sido desmanteladas.

El paralelismo que algunos investigadores trazan con 2026 es inquietante: también ahora las estructuras de resiliencia alimentaria globales están debilitadas. Las reservas de cereales mundiales se encuentran en mínimos de décadas. La deuda de los países en desarrollo limita su capacidad de importación. Y el Amazonas —que en 1877 aún era un pulmón intacto— lleva años en degradación acelerada.

«Si este evento se repite ahora será incluso peor. Hace más calor ahora que en 1877, por lo que 2026 y 2027 tendrán mucha más energía disponible para convertirse en los años más calurosos de los que tenemos registro.»

— Análisis climático basado en datos satelitales y modelos del ECMWF, junio 2026
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¿Están los ciclos del ENSO siendo desestabilizados de forma irreversible?

Dentro de la climatología científica hay un debate creciente —todavía minoritario, pero documentado en revistas indexadas— sobre si el sistema ENSO está experimentando una alteración estructural, no solo episódica. La hipótesis es que el calentamiento global no solo amplifica los eventos individuales, sino que está modificando la propia dinámica del ciclo: acortando los intervalos entre eventos extremos, reduciendo los periodos de recuperación y desplazando los patrones geográficos de impacto.

Un análisis publicado en ArXiv en 2026 utilizando redes de complejidad climática apunta a que los modelos estándar podrían estar subestimando la interacción entre el ENSO y los cambios en la circulación oceánica profunda. Si el ENSO está siendo desacoplado de sus ritmos históricos, los modelos de pronóstico calibrados con datos del siglo XX podrían tener limitaciones sistemáticas para proyectar eventos del siglo XXI.

Algunos investigadores también señalan que las olas Kelvin cálidas —las ondas submarinas que viajan desde Asia hacia América y que desencadenan El Niño— están mostrando anomalías en su velocidad y profundidad que no habían sido observadas antes. La pregunta que no tiene todavía respuesta científica consensuada es si estos cambios son reversibles o si estamos ante una transición de estado del sistema climático del Pacífico que no tiene retorno en escalas de tiempo humanas.

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El agua como mercancía: cuando la catástrofe es un activo financiero

I. El mercado de futuros del agua

En diciembre de 2020, el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street. El Chicago Mercantile Exchange lanzó contratos vinculados al índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), un instrumento que permite a fondos, agricultores y empresas comprar y vender derechos sobre el agua futura de California. El agua ya no es solo un recurso vital: es un activo financiero que cotiza junto al petróleo y al trigo. Lo que comenzó como un experimento regional estadounidense se ha convertido en la referencia global para la mercantilización del agua.

La pregunta incómoda no es si esto es legal —lo es— sino qué incentivos crea. Cuando la escasez de agua aumenta el precio de los contratos de futuros, hay actores financieros que ganan dinero con la sequía. No es una acusación: es la mecánica básica de cualquier mercado de materias primas. Pero aplicada al agua —el recurso sin el cual no existe ninguna forma de vida— abre una pregunta que el sistema financiero global ha preferido no responder: ¿puede un instrumento diseñado para gestionar el riesgo convertirse en un incentivo estructural para que el riesgo persista?

II. BlackRock, la sequía y el negocio de la tierra

BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, lleva años integrando el riesgo climático en sus modelos de inversión. En 2023, su división de análisis situó a España entre los tres países del mundo con mayor amenaza de estrés hídrico para el sector inmobiliario en 2030, y alertó a los fondos de inversión especializados de las implicaciones para los SOCIMIs que operan en el país. Simultáneamente, la organización Amigos de la Tierra documentó que BlackRock mantiene más de 5.000 millones de dólares invertidos en empresas agroindustriales implicadas en deforestación y degradación hídrica en América Latina.

No hace falta construir ninguna conspiración activa para ver la estructura del problema: los mismos actores que poseen los modelos climáticos más sofisticados del mundo, que asesoran a la Comisión Europea sobre sostenibilidad —un contrato que el Ombudsman europeo criticó por conflicto de intereses—, y que invierten en sectores agrícolas en zonas que El Niño favorecerá, son los mismos que tienen acceso anticipado a los datos de pronóstico que los gobiernos tardan semanas en hacer públicos.

III. La información climática como ventaja geopolítica

Los satélites de predicción climática son operados por agencias estatales —NASA, NOAA, EUMETSAT— con presupuestos y mandatos nacionales. Pero los datos que generan fluyen hacia sistemas de modelización privados con una velocidad y granularidad que no está disponible para el ciudadano medio, ni siquiera para muchos gobiernos de países en desarrollo. Los fondos soberanos y los grandes gestores de activos tienen departamentos enteros dedicados a traducir señales climáticas en posiciones de mercado.

Cuando un gobierno centroamericano se entera de que su cosecha de maíz va a colapsar en seis meses, los mercados de futuros de cereales ya lo han incorporado al precio. La pregunta no es si alguien está manipulando el clima —la evidencia física no lo soporta—. La pregunta es quién tiene acceso anticipado a la información sobre cómo el clima va a comportarse, y qué hace con esa información antes de que llegue a los afectados. El caos climático no es un accidente que sorprende a todos por igual. Es un evento anticipable que algunos anticipan mejor que otros, y que convierte esa anticipación en capital.

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Preparación: lo que los expertos recomiendan

Ninguna medida individual neutraliza un fenómeno de escala planetaria. Pero la anticipación reduce el impacto personal y comunitario. Esto es lo que la comunidad científica señala para quienes viven en zonas de riesgo moderado o alto: